Y lo que parecía imposible sucedió: Beto ya no está entre nosotros.

Hace pocos días hablé con Saula Benavente, su pareja, quien no dejó de estar un segundo a su lado. El veredicto médico era lúgubre y contundente, pronosticando un desenlace cercano. Pero Saula expresó lo que sentíamos todos: “¿Pero viste? Qué sé yo… Es Beto…”.
Para quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, no hacía falta más. A Beto, ese ser humano más grande que la vida, no lo iba a atrapar la muerte. Era imposible. Algo se le iba a ocurrir.
Sin embargo, aquí estamos, escribiendo una despedida. No hago otra cosa que pensar en él y, como en la canción de Serrat, no se me ocurre nada. No quiero una despedida, quiero escribirle una carta, esa que nunca le escribí, quizás porque lo creí inmortal.
Beto querido, tengo tanto que agradecerte. No sabés lo que aprendí de vos. No imaginás cuánto le agradezco a la vida por haberme regalado tu amistad, tu confianza, tus cafés, tus enseñanzas, tus historias y tu fuerza.
El optimismo con el que encarabas todos tus proyectos nos llenaba de entusiasmo a quienes trabajamos contigo. Tu frase preferida —“¡esto es un cheque al portador!”— se convirtió en el lema que me enseñaste para abordar todo lo que hago, aunque el resultado parezca vano, porque si trabajamos con entusiasmo y disfrutando, realmente es un cheque al portador.
Nos enseñaste a todos los que compartimos el teatro contigo a conocer a la audiencia, aunque no supiéramos sus nombres; a entender su ritmo, su humor, su cansancio… ¡Y qué bien los conocías! En tres o cuatro minutos sabías si ese día estaban para la risa o para la reflexión. No sé si alguna vez sabrán que cada función tuya era una función a medida.
¡Tu amor por el teatro era contagioso! Y no era interesado en lo más mínimo. Ya fuera un éxito rotundo o una obra que se disfrutaba más en el escenario que en la platea, no faltaste a esa cita ni una sola temporada desde 1961. No sé si hay otro actor en Argentina con ese récord. Mientras protagonizabas casi 100 películas y participabas en incontables programas de televisión, esa cita diaria con el escenario y el público no la perdías por nada. ¡Qué lección para tantos actores que requieren largos descansos entre proyectos para recuperar energías!
Tu energía era inagotable. Recuerdo el ballotage de 2015. Estábamos de gira con Parque Lezama en Montevideo. Tras las dos funciones del sábado, el equipo necesitaba un descanso para enfrentar las dos funciones del domingo. Pero tú tomaste un avión de madrugada, votaste en Buenos Aires y regresaste en Buquebus para cumplir con las funciones. ¿Quién podría dejar de cumplir con el deber cívico después de compartir tiempo contigo?
Una sola cosa amabas más que el teatro: la Argentina. Ensayábamos Parque Lezama en Madrid cuando se celebraron las PASO de 2019. Esa noche la pasamos juntos viendo los resultados hasta las cinco de la mañana. Al día siguiente, mientras medio país celebraba, la otra mitad caía en profundo desánimo. En las redes comenzó una tímida convocatoria a una marcha que no levantaba vuelo. Días antes del evento, estábamos cenando cuando entraste agitado: “Estuve pensando en un texto para mandarle a la gente. Necesito que me filmes”. Al día siguiente, antes de empezar el ensayo, grabamos ese video. Lo publicamos y comenzamos a ensayar. Cuatro horas después, el video ya había llegado a todos por numerosos amigos y se convirtió en el catalizador para la marcha que casi dio vuelta el partido.
¿Te acordás cuando te prohibieron en la dictadura? ¿Cuando te llevaron detenido? Como tantos otros artistas, te exiliaste, pero fuiste el único que no aguantó la lejanía. Mientras otros afirmaban sus vidas y carreras en otros países, vos soportaste la distancia y regresaste. La prohibición no alcanzó al teatro, y pudiste continuar con tu cita diaria con el público. ¿Pero qué hacer el resto del día? Bueno, estar al frente de la Asociación Argentina de Actores durante el período más difícil del siglo XX te pareció un desafío digno.
Allí estuviste, codo a codo con tus queridos Carlos Carella y Rivera López, quienes, pese a pertenecer a otros partidos y tener distintas ideas, fueron tan queridos como vos. Fueron tiempos duros, pero en que los artistas eran más fieles a sus afectos que a líderes que fomentaban la división. Vi cómo te brillaban los ojos de admiración cada vez que hablabas del talento de Carella, actor que amabas y admirabas como artista y ser humano. Gracias por enseñarme a valorar el talento y la humanidad por encima de cualquier ideología.
Pero, en algún momento, esta inagotable fuente se va a agotar, Beto, y tendrás que bajar el telón. ¿Qué momento elegirías? Pensemos un argumento: un hombre que tuvo un enorme éxito desde sus primeros días en la profesión, con amores, hijas que ama, popularidad, talento, y que luego enfrenta el inevitable segundo acto de problemas. Supongamos que lo prohibieron, pero él resistió en el teatro y luchando por la cultura.
Después vuelve a tener éxito comercial en todos los medios, pero nuevamente aparece el conflicto, lo cancelan, aunque en el teatro sigue encarándolo todo, siempre pensando que
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